El nuevo brillo de Kapanga

Por Paulo Caratozzolo – PH Nati Limardo (Archivo)

Los libros de astronomía dicen que el quásar es el elemento cósmico más brillante que existe y surge de la energía consumida por un agujero negro. Bajo ese concepto científico fue que Kapanga renovó su tour y en la noche del sábado presentó La Luz del Quásar, un show intenso y potente con una lista de temas especial.

En la breve intro del recital se vio la idea: un foco blanco y muy luminoso partía en dos a un Teatro Flores a oscuras – como ese gran agujero espacial que todo lo absorbe -, mientras se escuchaban una música galáctica y el inicio del conteo para que despeguen los miembros de la banda quilmeña, quienes esperaban estáticos y en posición. Todo listo.

El quásar brillaba constante y Martín ‘Mono’ Fabio, Miguel ‘Maikel’ De Luna Campos, Javier ‘Memo’ Manera, Claudio Maffia y Mariano Arjones empezaron a expulsar su energía con Toda la vida, en una versión mucho más impetuosa que la original incluida en el debutante “A 15 cm de la realidad” (1998).

Si bien los conocimientos sobre los quásares datan de hace medio siglo, Kapanga empezó a relumbrar hace 23 años y de distintas maneras. “Mis amigos tour” y “Spectaculum” son los últimos antecedentes a la gira que comenzó el fin de semana en Capital Federal y continuaba con un trío de clásicos como Fumar, Se va y Miro de atrás.

Ustedes en los momentos difíciles es cuando más están”, agradeció ‘El Mono’ antes de agarrarse las manos y suplicarle al público a través de No me sueltes, una demostración de fidelidad que marcó a la familia kapanguera y en la que ‘Maikel’ irradió destreza con su popular Gibson SG bordó. Sobre el final de la canción, el cantante repitió el gesto de unión.

Durante el viaje espacial se inspeccionaron casi todos los discos y hubo perlas del pasado que cumplían con lo anticipado: sonarían las canciones más rockeras, aunque se guardaron algunas para el futuro cercano. Sonaron En el camino y Bisabuelo – con Tobías, el hijo del ‘Mono’, en guitarra – de “Botánika” (2002); El universal y Go de “Operación Rebenque” (2000); Buscar – junto a Santiago de Los Putos – de “¡Esta!” (2004); y Demasiado de “Un asado en Abbey Road” (1999), sin Ricardo Mollo pero con la misma esencia del punk protestante que tenían a principios de siglo.

Kapanga continuó su fiesta anunciando un nuevo reencuentro en Buenos Aires (28 de noviembre en La Trastienda) y después empezó la recta final de la noche con La Taberna y una gran olla antes del explosivo estribillo, mientras el ‘Mono’ bromeaba con latiguillos del lenguaje adolescente; como el famoso “ATR”, que según el vocalista significa A todo Rock y dio lugar al hit de 2004. El showman, siempre atento a las modas, cambió el grito final de “¡Kapanga!” por “¡Modo diablo!”, frase salida del trap argentino.

El cierre de la lista fue indiscutido; desde lo significativo, con Ramón, Kaballero Rojo, La Crudita y El Mono Relojero haciendo saltar a todas y todos; hasta lo novedoso, por la inclusión de El cuento de los 3 Kovanys, una parodia de los cerditos convertidos en policías, con un mensaje contra el gatillo fácil. Cuando parecía que la nave kapanguera había llegado a destino tras el últmo “pero yo estoy de la cabeza, somos los dueños del reloj”, la banda cerró su nuevo show con Locos, una canción sobre la ruta y la amistad.

Sólo restaba el saludo final con reverencia y responderles con aplausos. Todo culminó como al inicio: oscuridad, sonidos de la Galaxia y el quásar que brillaba por la sobrecarga de energía que destiló Kapanga.

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