El empuje vikingo llegó a San Telmo

Por Trinidad Mosqueira – PH Julieta Sabio

El sábado pasado El Plan de la Mariposa se presentó por primera vez en La Trastienda Samsung. Con ojos de papel maché colgados por toda la parte trasera del escenario y alguno que otro en instrumentos fijos como el teclado, la escenografía una vez más deslumbró a los presentes y se utilizó como una parte clave del show.

Eran las 21 y la banda se hacía esperar, minuto tras minuto se sentían las ansias en el aire de San Telmo. Con la sala una vez llena comenzaron los sonidos tan peculiares de “Invierno Nuclear”, aunque para sorpresa de los presentes, el primero fue “Calle Mantra” seguido de “La Cobardía”, “Te Quiero” y “La Lanza de mi fe”, todas con luces radiantes que se posicionaban incluso por encima del público.

Un inicio bien arriba marcó el final del primer bloque del show, aquel que tuvo al violín de Santiago Andersen de protagonista. Las luces se volvieron tenues con “Abrime los ojos”, aunque fiel a su estribillo se convirtieron paulatinamente en un amarillo brillante. Luego oscuridad e iluminación celeste para “Savia”, canción que cerró con el agradecimiento de Sebastián Andersen (voz) por permitirles hacer catarsis.

Federico García Lorca alguna vez escribió en un poema “marineros que ignoran el vino y la penumbra decapitan sirenas en los mares de plomo. La noche, negra estatua de la prudencia, tiene el espejo redondo de la luna en su mar”. Aquel fragmento se convirtió en puntapié para “Navegantes”, la emocionante canción de El Plan de la Mariposa, para la que se alzaron en alto los celulares de todo el público porteño. La seguidilla de lentos terminó con “Viajo con el Sol”, que le dio lugar a “Libertad” de Kase-O y a “Semilla del alma” con el trabajo estelar de Máximo Andersen.

“La diferencia nunca puede estar en que tenés plata o no tenés plata, ¿se entiende?” sentenció Sebastián antes de empezar “Cruz del Sur”, sólo interrumpida por los cánticos que pidieron por el aborto legal. Para la próxima canción su hermano Valentín tomó la posta y se adueñó del escenario con “Ella es agua”, interpretada por su zurda. En lo que siguió, Camila se transformó en una sirena griega y atrajo a todos con su dulce voz, convirtiéndose en la partícipe necesaria de “El cuerpo sabe”.

Los hermanos demostraron su conexión vikinga con “Niño abuelo” y con el mantra milenario de “Braian”. “Calma, tierra, calma” dijeron todos los presentes desde el piso de La Trastienda luego de que la banda pida “mandar la energía hacia los lugares que lo necesiten”. Para extender con la mística continuaron “Parpadeo” y la intro de “Buenos Aires Fiebre”, la gran ausente de la noche. Ahora sí era tiempo de la trunca “Invierno Nuclear” y “Fábrica de eternidad”.

Los ojos de papel maché dejaron la escenografía y se convirtieron en accesorios para la vestimenta de los músicos. Como signo de banda consolidada, El Plan de la Mariposa adelantó lo que se venía: uno de los ojos tenía los nombres de cada integrante, alguien del público sacaría dos papeles y los seleccionados tendrían que improvisar en vivo. La suerte jugó a favor de Valentín Andersen (guitarra) y Andrés Nör (bajo), quienes crearon un set en vivo al que se terminó sumando el resto del grupo.

Con el final pisándoles los talones comenzaron a despedirse de la mano de “Azúcar Negra”, que hizo lucir la batería de Julián Ropero, “Mar Argentino”, “La vida cura” y “Mi Jagger”. El recinto se tiñó de oscuridad por unos minutos hasta que los necochenses regresaron al escenario para el set final de “Cómo decir que no?”, “El Riesgo” y la siempre reclamada “Romance con el desapego”.

La selección minuciosa de lugares para tocar hace que El Plan de la Mariposa continúe moviéndose no tan sigilosamente entre el público porteño. A la fecha del show quedaba sólo un peso pesado del circuito que no haya colgado el nombre de los vikingos en su cartelera, pero ya no será por mucho tiempo: la banda anticipó que su cierre de año será en el Centro Cultural Konex.

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