Marilina Bertoldi conquistó Niceto con disco nuevo y mucho glamour

Por Paulo Caratozzolo – PH Belén Lorente

Pasó poco más de dos semanas desde que se publicó “Prender un fuego”, el último material de estudio pensado y producido por Marilina Bertoldi, y ya cuenta con un registro de escuchas importante en las plataformas online. La cara femenina de la música moderna de nuestro país tocó su nuevo disco durante dos noches consecutivas y a tope en Niceto Club. El domingo cerró su doblete con otro show exquisito y las pequeñas desprolijidades que, según ella, la definen.

Lo que sucedió durante la primera mitad del recital de una hora fue un set estructurado que consistió en una sólida presentación de “Prender un fuego”: sonó casi completo – solo faltó el tema homónimo – y con el mismo orden del tracklist, una disposición llamativamente organizada para una rebelde como Marilina.

A las 23, la frontwoman y compañía le dieron “play” al disco y empezó una breve intro a oscuras en la que solamente se veía la señal de interferencia en las pantallas de doce viejos televisores de tubo distribuidos por todo el escenario; una puesta en escena que, junto a los rulos oscuros de Bertoldi, convertían el escenario de Niceto en un videoclip de los 80’s.

Pero lo que sonaba era muy actual. Fue una fusión de las imágenes en vivo editadas como si se estuviera grabando con una video filmadora antigua y un disco moderno que empieza con el funk oscuro de ¿O no?, Fumar de día y La casa de A, en el que se lució por primera vez con su Telecaster que hacía juego con el top rojo y la tela negra de su vestuario. Todo orquestado y trabajado al detalle. Y todo el lugar hipnotizado con la figura atractiva que no paraba de bailar y hacer gestos pícaros.

Hubo también algunas reminiscencias durante esa primera media hora, como el ritmo de Nunca y su parecido a Blood Sugar Sex Magic de RHCP, con Brian Taylor punteando – y peinado – al estilo Josh Klinghoffer; y la frase “si no hay amor que no haya ni un carajo”, similar a la incluida en El Tesoro de los inocentes del Indio Solari, que Marilina cantó en Correte haciendo fuck you con ambas manos.

La menor de las Bertoldi aprovechó para saludar a su madre y su hermana Lula, quienes cantaban desde el palco y también se robaban algunas miradas de quienes llenaron la sala de Palermo. Luego del tierno saludo, Marilina renegó e insultó un buen rato – un poco en broma y un poco en serio – a “esta maquinita”, en referencia a su loopera. No había caso, el aparato no le distorsionaba la voz así que le encargó esa tarea al sonidista, mientras la cantante bailaba doblando su escuálido torso en Intervalo y mostraba su faceta más sensual en Techo y Remis.

El salto de lo nuevo a lo anterior lo hizo a partir de Sexo con modelos, el puntapié para el segmento en el que repasó cuatro de las canciones con más fuerza de hit, completado por Cosas dulces, con un comienzo fallido que los hizo repetir; Rastro, la más potente de la noche; y por último Y deshacer, en la que Marilina es una heroína del rock-pop acompañada por palmas y un groove muy bailable.

Sí, tengo un vinito, pero lo tiré al piso. ¿Hay más no? Ojalá que sí”, charlaba ‘Maru’ con un vaso casi vacío en uno de sus pequeños lapsos de stand-up; fue justo antes de volverse a amigar con la loopera y, ahora sí, distorsionarse ella misma la voz como una niña que recibió chiche nuevo, mientras despedía la noche con Racat y se sacaba las ganas de jugar con los tonos muy agudos y muy graves que su maquinita le deja emitir.

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